APRENDIENDO A ESPERAR EN DIOS
- 15 feb
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APRENDIENDO A ESPERAR EN DIOS
Salmo 39:6-13
Ciertamente todo hombre anda como sombra; ciertamente se afanan en vano; amontonan riquezas, y no saben quién las recogerá. “Y ahora, Señor, ¿qué esperaré? Mi esperanza está en Ti. Líbrame de todas mis transgresiones; no me pongas por afrenta del necio.” Enmudecí, no abrí mi boca, porque Tú lo hiciste. Quita de mí Tu azote; estoy consumido por el golpe de Tu mano. Con reprensiones corriges al hombre por la iniquidad; haces que su hermosura se deshaga como polilla; ciertamente todo hombre es vapor. Selah. “Oye mi oración, oh Señor, y escucha mi clamor; no calles ante mis lágrimas; porque extranjero soy para Ti, y peregrino, como todos mis padres. Aparta de mí Tu mirada, para que recobre fuerzas, antes que me vaya y no exista más.”
Siempre estoy esperando algo. Quizá el próximo cambio en mi vida, o lo que viene a la vuelta de la esquina. Pienso que la hierba es más verde del otro lado de la cerca, así que ¿no debería saltar para averiguarlo?
Deseo ser librado de mis transgresiones, pero ¿las reconozco todas? Cada vez que me adelanto a la voluntad de Dios, peco. Puede que vaya en la dirección que Él quiere, pero tal vez no en Su tiempo. ¿Cómo sé si el tiempo está dentro de Su voluntad?
Si hago algo fuera de la voluntad de Dios, sé que Él me lo mostrará. Y cuando me reprende, eso me consume. Repaso el camino de mis acciones y descubro el punto en el que dejé Su senda y empecé a seguir la mía.
PIENSA EN ESTAS COSAS
Dios es mi Médico Divino; voy a Él cuando tengo una astilla. Duele tenerla en la carne, y sé que dolerá cuando Él la saque. Pero al final, debe ser removida para que sane y recobre fuerzas.
Sin embargo, me quedo mirando la herida. El dolor crece mientras Él aplica disciplina con Su mano. Me consume no solo el dolor, sino el hecho de que lo decepcioné con mis acciones desde el principio. También me avergüenzo, y entonces me aparto de Él.
Antes era un extraño y peregrino para Él, pero ahora sé que soy Su hijo. ¿Cómo lo sé? Porque Él es quien saca mi astilla, alivia mi dolor y corrige mi camino. Una vez que me reprende y endereza mi senda, necesito tiempo para que la herida sane.
Oración: Señor, la única razón por la que no siento Tu mirada es que estoy llorando sobre Tu hombro. Por favor, abrázame y consuélame mientras lloro. Tú no guardas silencio en mis lágrimas; sigues consolándome hasta que me levanto otra vez para mirarte. En el nombre de Jesús, Amén.




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