EL PROPÓSITO DE SU VENIDA
- 20 dic 2025
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Hola a todos,
Hoy es el último día de Adviento y la conclusión de nuestros devocionales de Adviento. Ha sido un verdadero placer y un privilegio compartir esta temporada con ustedes.
Como siempre, seguiré enviando mis devocionales semanales a todos los que sigan suscritos. Gracias por permitirme acompañarlos en este camino de fe.
Bendiciones,
Chaplain Wayne
EL PROPÓSITO DE SU VENIDA
El don del amor de Dios
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.” (Juan 3:16–17)
Todas las promesas, profecías y cánticos de esperanza encuentran su cumplimiento aquí: en el amor de Dios expresado a través de su Hijo. El pesebre, la cruz y la tumba vacía cuentan la misma historia: de tal manera amó Dios al mundo.
La Navidad no es simplemente la historia del nacimiento de un bebé; es la historia del rescate divino. Desde el principio, el plan de Dios fue el amor en acción. No envió un ángel ni un profeta para reparar lo que el pecado había roto; se envió a sí mismo. Jesús no vino a condenar, sino a salvar, entrando en nuestra oscuridad para traer la luz eterna.
Las palabras de Juan nos recuerdan que la salvación es universal y personal. «Todo aquel que cree en él» significa que nadie está fuera del alcance de la gracia. El amor de Dios es tan amplio que abarca al mundo entero y, a la vez, tan íntimo que nos llama a cada uno por nuestro nombre. El don de Cristo se da gratuitamente, pero exige una respuesta: fe que recibe y confianza que sigue.
La mañana de Navidad brilla con esta verdad: el amor de Dios no es distante ni abstracto; es real, sacrificatorio y eterno. Quien creó las estrellas se hizo niño para que nosotros pudiéramos ser hijos de Dios. El Amor mismo entró en el tiempo para que pudiéramos compartir la eternidad con él.
El propósito de la Navidad no es solo una celebración, sino una transformación. Saber que Dios amó tanto al mundo es vivir como alguien amado y amar a los demás a cambio.
Reflexiona:
¿He recibido el don del amor de Dios a través de Jesucristo?
¿Cómo puedo compartir Su amor salvador con otros hoy?
Padre Celestial, gracias por el regalo más grande: tu Hijo, Jesucristo. Gracias a tu amor, tengo esperanza, perdón y vida eterna. Que tu amor llene mi corazón y se derrame sobre quienes me rodean. En esta Navidad, te adoro por tu misericordia, gracia y amor eterno. Que mi vida sea un canto que te ensalce. Amén.





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