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LA ALEGRÍA DE LOS PASTORES

  • 18 dic 2025
  • 2 Min. de lectura

LA ALEGRÍA DE LOS PASTORES:

Un mensaje proclamado


 “Así que fueron de prisa y encontraron a María, a José y al niño que estaba acostado en el pesebre. Cuando vieron al niño, contaron lo que les habían dicho acerca de él y cuantos lo oyeron se asombraron de lo que los pastores decían. María, por su parte, guardaba todas estas cosas en su corazón y meditaba acerca de ellas. Los pastores regresaron glorificando y alabando a Dios por lo que habían visto y oído, pues todo sucedió tal como se les había dicho.” (Lucas 2:16-20)


Los pastores no dudaron. En cuanto el canto de los ángeles se desvaneció en la noche, se apresuraron a Belén. No cuestionaron, calcularon ni demoraron; fueron ... La fe los impulsó.


Y lo que encontraron fue exactamente lo que el ángel había dicho: un bebé envuelto en pañales y acostado en un pesebre. La promesa era real, y el Salvador había llegado. Su respuesta fue tan natural como respirar: comenzaron a contárselo a todo el mundo . Estos hombres humildes se convirtieron en los primeros evangelistas, proclamando la buena noticia de que Dios había cumplido su palabra.


La historia de los pastores nos muestra que la alegría no se puede contener. La verdadera alegría rebosa: fluye del corazón a los labios y al mundo. La buena noticia que los llevó al pesebre los envió de vuelta a los campos como testigos transformados. Sus vidas cambiaron para siempre, y su trabajo cotidiano ahora tenía un significado eterno.


María también fue transformada esa noche. Mientras otros difundían el mensaje, ella meditaba en silencio sobre el misterio en su corazón. Ambas respuestas —la proclamación y la contemplación— son formas de adoración. Una narra lo que Dios ha hecho; la otra lo atesora profundamente. Juntas, completan la imagen de lo que significa encontrar a Cristo.


Al igual que los pastores, estamos llamados no solo a recibir la buena noticia, sino a compartirla . La alegría navideña no debe desvanecerse con la temporada; debe proclamarse con nuestras palabras, acciones y vida.


Reflexiona:

  • ¿Cómo el encuentro con Jesús ha cambiado mi manera de vivir y de hablar?

  • ¿Quién en mi vida necesita escuchar la “buena noticia de gran gozo”?


Señor Jesús, gracias por la alegría que vino a la tierra la noche en que naciste. Que esa misma alegría llene mi corazón y se refleje en mis palabras y acciones. Ayúdame a compartir tu amor con los demás, para que también te glorifiquen y te alaben. Amén.

 
 
 

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