SOLTAR Y DEJAR QUE DIOS ACTÚE
- 15 feb
- 2 Min. de lectura

YO SOY LLAMADO A ESCUCHAR
Salmo 39:1-5
Dije: “Guardaré mis caminos, para no pecar con mi lengua; pondré freno a mi boca, mientras el impío esté delante de mí.” Enmudecí con silencio, guardé silencio aun respecto de lo bueno, y se agravó mi dolor. Se enardeció mi corazón dentro de mí; mientras meditaba, se encendió el fuego. Entonces hablé con mi lengua: “Señor, hazme saber mi fin, y cuál es la medida de mis días, para que sepa cuán frágil soy. Ciertamente has dado a mis días la medida de un palmo, y mi edad es como nada delante de Ti; ciertamente todo hombre, aun en su mejor estado, no es más que vapor.”
Si quiero ser renovado, debo soltar todas las cosas que me inquietan y entregárselas a Dios. Si no guardo mis caminos, mi lengua me traicionará, y la ira se derramará en palabras de las que me arrepentiré.
Cuando mi corazón llega a ese estado, generalmente es porque alguien ha hecho algo que no me gusta. Mi corazón se agita porque me han herido y ofendido.
A veces es alguien a quien amo, y eso hace que el dolor sea aún peor. Mi corazón se pone pesado porque estoy aferrándome a la situación en lugar de entregársela a Dios.
Cuando me canso de darle vueltas a mi problema, por fin hablo con Dios: “Señor, recuérdame cuán frágil soy. Recuérdame Tu poder y Tu soberanía sobre mi vida y sobre aquellos que hablan contra esto que me inquieta.”
PIENSA EN ESTAS COSAS
Esto no es el fin del mundo. Dios me recordará mis límites para enseñarme perspectiva. Toda persona, aun en su mejor estado, es solo vapor, y todos mis argumentos y mi enojo no cambiarán eso.
No estoy tan enojado con la persona como con las palabras que me ofendieron. Si esas palabras las dijera alguien a quien amo, me enojaría por sus palabras, pero no lo amaría menos. A veces el mejor paso es preguntar con mansedumbre si sabe que me hirió con lo que dijo—una conversación honesta puede traer sanidad.
Pero antes de confrontar a otro, primero debo rendir mi corazón a Dios. Mi propósito es honrarlo a Él, no buscar la aprobación de los demás. Puedo quedarme enojado por lo que otros han dicho, o puedo honrar a Dios por quien Él es. Cuando llevo mis problemas a Dios y le pido que calme mi corazón, Él concederá mi petición. Por medio de Jesucristo, recibo el regalo de la oración que refresca. Es una herramienta poderosa cuando la uso bien y con frecuencia.
Oración: Señor, mantén mi corazón enfocado en Ti y no en mi agenda y deseos. Deseo confiar en Ti con todo mi corazón, soltando todo lo que me impide llegar a Ti, y dejando que Tú me bendigas con Tu presencia. En el nombre de Jesús, Amén.




Comentarios