ÉL EN MÍ, YO EN ÉL
- 16 mar
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ÉL EN MÍ, YO EN ÉL
Colosenses 1:24-29
Ahora me gozo en lo que padezco por vosotros, y completo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo, por amor de su cuerpo, que es la iglesia; de la cual fui hecho ministro según la administración de Dios que me fue dada para vosotros, para cumplir la palabra de Dios, el misterio que había estado oculto desde los siglos y generaciones, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos; a quienes Dios quiso dar a conocer cuáles son las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles: que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria; a quien anunciamos, amonestando a todo hombre y enseñando a todo hombre en toda sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre; para lo cual también trabajo, luchando según la potencia de Él, la cual actúa poderosamente en mí.
Regocijarme en las bendiciones es una cosa, pero regocijarme en mis sufrimientos requiere una gracia más profunda. Al abrazar los sufrimientos que enfrento, me uno plenamente a Su misión para mí en Su Reino. Me convierto en una ofrenda—sacrificando todo lo que tengo por el llamado de Cristo, para cumplir Su Palabra y Su llamado para mi vida.
La Palabra de Dios es un misterio, antes oculto, pero ahora revelado a Sus santos. Por medio de Su Palabra, Dios da a conocer las riquezas de la gloria de este misterio. Este misterio ahora está revelado: Cristo en vosotros, la esperanza de gloria.
PIENSA EN ESTAS COSAS
Si Jesucristo está en mí, entonces Él y yo somos uno. Esta es la razón por la cual Él vino a la tierra a morir por mí. Las riquezas de Su gloria son tenerlo a Él, incomparable: ser uno con Jesús—yo en Él y Él en mí.
Con Cristo en mí, llego a ser todo lo que Él prometió: perdonado, amado y eterno. Por Él, mi labor es Su labor, y mis obras son Sus obras. Y esto también es verdad respecto a Él en mí: Él me da Sus pensamientos; Él me muestra Sus caminos.
Cuando hablo, es por medio de Su voz. Cuando sirvo, lo hago con Sus manos. El gozo que brota cuando Sus hijos reconocen esta unidad viva—Él en nosotros, y nosotros en Él—supera toda medida humana.
Por encima de todo, recuerdo que Jesús sufrió y murió por mí; esto me capacita para regocijarme aun en mis sufrimientos. Y porque Él resucitó, toda prueba que enfrento viene acompañada por la promesa de bendición eterna que brota de Su resurrección.
Oración: Señor, gracias por morir en la cruz por mí. Por medio de Tu muerte, me gozo aun en mis sufrimientos. Por medio de Tu resurrección, experimento nueva vida en Ti. Ahora Tú estás en mí y yo estoy en Ti. ¡Gracias, Señor! En el nombre de Jesús, Amén.




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